Mi camino en la gestión cultural comenzó en una esquina emblemática de Las Varillas, Córdoba -Argentina. Allí fundé TEO Galería, un espacio nacido de la convicción de que el arte contemporáneo debe ser accesible y descentralizado. Esta experiencia inicial fue el lugar más fértil donde aprendí la importancia de crear puentes entre los artistas y su comunidad. Estos principios y valores hoy guían mi visión estratégica en instituciones de mayor escala.
El desafío de abrir este sitio mágico, en una pequeña ciudad de 20.000 habitantes, fue vencer al miedo y los prejuicios. El único camino era trabajar duro y dejar que las cosas sucedan con naturalidad.
Con el tiempo, la gente se empezó a apropiar de TEO. Las escuelas la visitaban, allí los niños veían obras de artistas cordobeses consagrados y emergentes. Podían ver la diferencia entre una escultura, una pintura, un dibujo, un grabado y como era ese proceso creativo por el por el cual el artista llegaba a su obra.
Esos niños luego venían con sus padres a mostrarles las obras de arte, y se inscribían a los talleres que se dictaban. Los niños pasaban de observar, a crear y producir ellos mismos.
Luego la Galería fue tomando un ritmo y su propia impronta, con mas talleres como fotografía, oratoria, literatura, entre otros.
Poco tiempo llegó la música, charlas, debates, subastas de arte, presentaciones de libros y se convirtió en un lugar increíble y encantador.
La galería de arte se convirtió sin darse cuenta, en un centro cultural donde se disfrutaba y acogía a todo aquel que ponía un pie en ese lugar.
“Hoy, esa esquina de Las Varillas sigue presente en cada proyecto que lidero. Me enseñó que la gestión cultural no se trata de colgar obras en una pared, sino de encender la curiosidad de una comunidad y sostener el espacio para que la magia suceda.”